viernes 18 de noviembre de 2011

EL BARRO

-Pero, Jesús,¿cómo te has puesto? ¿Dónde te has metido?
El Niño no pasaba del dintel de la puerta. Clavó su mirada en las sandalias y en el borde de la túnica. Un barro rojizo tapaba todos sus pies, no pudiendo distinguir mas que la forma de las correas. Salpicaduras de arcilla llegaban hasta el cinto.
-Mamá, a Esaú se le atascó el carro en el cruce del camino con la vaguada.¡Con lo que ha caído de agua en estos días!
-Y mi Niño se metió para ayudar...
-Entre cinco hombres no podían, porque iba cargado de leña.
María exageró sus palabras arqueando las cejas.
-Y seguro que tú ibas a hacer mucho... Si aún tienes muy poquitas fuerzas.
-Pero algo haría, Mamá. No me iba a quedar mirando.
-Sí, algo estorbarías... pero,¿lo sacasteis?
-Claro. ¡Qué gozada! En el último empujón, todos a una, conseguimos hacer rodar las ruedas por lo firme.
-Muy bien. Ahora vamos a lavarte los pies, antes de que ensucies toda la casa. María recogió un jarro, una jofaina, un paño y un taburete para sentarse. El Niño no dio ni un paso al frente hasta que introdujo los pies en el agua.
-Pareces una estatua de arcilla roja.
-Mamá,¿Dios no hizo al primer hombre de barro?
-Si hijo, ¿y sabes por qué? Al comienzo de los tiempos Dios se puso a pensar de qué iba a formar a Adán. Primero pensó: de hierro. Pero después se dio cuenta de que los hombres se pelearían para demostrar quén era el más fuerte. Pensó en hacerlo de piedra, pero se arrepintió, porque también el corazón sería así de duro. Se le ocurrió de madera, pero era peligroso; cualquier fuego podría consumirlo. Por fin dijo: "Ya lo sé: lo haré de barro, porque al ser más frágil cuidará de no romperlo; estará pendiente de no chocar con nadie; su corazón más blando se podrá moldear; el fuego, en lugar de quemarlo, le irá dando consistencia; y cuando se contemple dará gracias al Alfarero". Sentó al Niño en sus rodillas para secarlo.
-Dame tu piececito de arcilla blanca. Y con el extremo de sus uñas, le rascó la planta del pie, hasta que Jesús empezó a patalear por las cosquillas.
-¡Mamá!, que me vas a romper.

TEXTO EXTRAÍDO DE "CUENTOS DE LA VIRGEN, la ternura narrativa de María" de Jaime de Peñaranda Algar, S.J.      EDITORIAL CCS

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