domingo 21 de junio de 2009

EDUCANDO A PERSONAS

Los profesores de Religión, como el resto de tutores, padres y profesores, que dedican sus vidas a la educación de los niños, realizan una labor educativa silenciosa, humilde, y en muchas ocasiones invisible.

El fin de curso conlleva fiestas, algarabía, despedidas, juegos... y nos parece que todo lo vivido y aprendido en el curso se olvidará durante las vacaciones de verano.

Nuestra labor pasa más desapercibida quizá, porque la nota que emitimos no es decisoria para la promoción al siguiente curso, o quizá porque la Religión no está considerada como materia importante dentro del currículo de Educación Infantil, Primaria o Secundaria. En nuestra sociedad, guiada por el materialismo y el pragmatismo, la dimensión espiritual de la persona no está reconocida como alguna capacidad principal a desarrollar.

Sin embargo seguimos con nuestro empeño de trabajar por ellos y acercar a Jesús a las aulas y a sus vidas. Los aprendizajes que los niños adquieren en nuestras clases son totalmente funcionales y transferibles, dos cualidades esenciales que deben cumplir los objetivos que se planteen en cualquier área. Esto significa que lo que un alumno aprende en clase de Religión puede y debe servirle para desenvolverse en la vida cotidiana, así como para apoyar otros aprendizajes incluso de otras áreas.

El conocimiento de las cosas de DIOS, conocer a Jesús, utilizar sus enseñanzas para el desenvolvimiento personal en la sociedad que les toque vivir... es tan beneficioso que no es ponderable, no es medible, no ponemos "nota".

Sabemos que nuestro pequeño grano de arena casi invisible es parte de un proyecto especial, que es formar a otras personitas, y es posible que el proyecto no lo veamos terminado, pero eso no es importante para nosotros, tampoco lo es el reconocimiento de nuestro trabajo. No deseamos recompensa alguna. Sólo pasamos el testigo de nuestra fe.

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